YOGYA JULIO 2003 

Este es un breve relato de la experiencia de Jose y 8 inexpertos navegantes a bordo del YOGYA.

Ocho integrantes que ni siquiera llegábamos a dar la talla como “marineros de agua dulce” nos embarcamos en la aventura de convivir durante un fin de semana en un espacio limitado. ¿Acaso sería una nueva versión del “Gran Hermano acuático”?. En cualquier caso allí fuimos, cargados de ilusión, biodraminas y de las canciones del verano (?? me pica la medusa, medusa del amoooor ?? ) que tanto juego dieron antes, durante y después de la experiencia náutica.

Primer Asalto: la compra.

En honor de la verdad debemos agradecer a Paco y Bea (“los pegun”) la magnífica labor en la compra. Calcular para tanta persona sin saber exactamente lo que debíamos o no comprar no era tarea fácil. Pero ¡¡¡¡MUY BIENN!!!!, salvaron el primer round con buena nota.

Segundo Asalto: llegada al puerto deportivo de Aguadulce.

Todos en tropel deseosos de saber cuál era nuestro barco. Y cuando llegamos, todo empezó a rodar. ¿Quién había visto alguna vez una cocina sujeta por un eje que se movía al son del oleaje?, ¿ó un inodoro con succión manual?. Todo era una ilusión que empezaba a materializarse. Aprovisionamiento de víveres y muy acertada visita al cocedero de marisco para la comida del día siguiente (está mal que la escritora lo diga, pero la idea fue mía y a tenor del resultado diría que bastante aplaudida, y es que nos conformamos con cualquier cosita…).

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