Empieza la acción: 23.00 horas zulú del viernes 25 de julio del 2003.

¿Damos nuestro primer paseito?. Así fue, corría una ligera brisa lo suficientemente importante como para desplegar velas. Nos adentramos en la nocturnidad de la bahía y sucedió algo inesperado. A medida que navegábamos no nos percatamos que una espesa bruma se estaba levantando. Música y ron-miel nos acompañaban mientras dejábamos que el oleaje que se levantaba nos mojara una y otra vez. 25 de julio y jersey de lana en el sur de España. La temperatura en esas condiciones se tornaba distinta a la que puedes sentir en tierra. Y la bruma seguía aumentando hasta que rodeó por completo al velero. La vista sólo nos alcanzaba de popa a proa y a nuestro alrededor una espesa manta blanquecina que nos mantenía desconcertados, a la vez ilusionados y un poco contrariados ante esa situación climática. Nuestros rostros palidecieron en el momento en que Jose decidió bajar, coger un mapa y compás para averiguar dónde estábamos. No se veía la costa hacía ya mucho rato (no se veía ni a un palmo de distancia, la verdad), pero afortunadamente nos condujo sanos y salvos de vuelta al amarre de Aguadulce. Primera experiencia: sobresaliente, sentimos frío, humedad, entusiasmo, incertidumbre y esperanza de encontrar el camino de vuelta.

¿Y quién dijo que volvíamos al amarre para dormir? Nada más lejos de la realidad. Sábado 02:38 h zulú, Paco, Miriam y Augusto deseando salir de copas a los garitos del puerto. Todos los demás sin querer desembarcar. Nos quedamos charlando bastante rato y finalmente el cansancio pudo con nosotros, todos en posición horizontal intentando conciliar el sueño con el suave vaivén del mar.

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