Rumbo Cabo de Gata.
Tanques llenos, y en marcha. Camino de la punta más meridional de la geografía almeriense tuvimos una bonita visita. Una familia de delfines decidió acompañarnos durante un tiempo. Corriendo por cubierta, cámara de fotos en mano, decididos a inmortalizar el momento. Y qué momento!! Una pasada, la verdad. Tiendes a intentar llamar su atención utilizando las técnicas habituales de animales domésticos terrestres (tipo perro o gato). Chasquido de dedos, les llamas, les gritas, pero claro eso no funciona. No estamos preparados para que los mamíferos marinos acudan a nuestro reclamo. Eso sí, lo intentamos, pero después de regalarnos saltos a babor y estribor, siguieron su camino, no sin antes dejar en nosotros una animada actitud más si cabía.
Y ¿qué es el stress?. Y ¿dónde están los problemas?. Y sobre todo, ¿dónde está el teléfono? El mío desconectado, al fin. Se le olvida a uno todo y sólo piensa en la perfecta conjunción de tus amigos, el sol, el mar y por supuesto, el marisco y el ron-miel. Algunos como Juanjo sustituyen la conjunción del ron-miel por el vino tinto, válido en cualquier momento del día en tierra, mar y aire. Otros, como Augusto introducen un componente adicional para la perfecta conjunción de los elementos: todos lo sabemos, el periódico.
Hablando de amigos. Tenemos que recoger a Mamen y Mª Ángeles que vienen a pasar el día con nosotros. Y es que el YOGYA viene bien preparado. Tenemos una pequeña zodiac conque recogerlas a las dos en la orilla de un pueblito cercano al Cabo. A bordo ya y preparados todos para al fin doblar el cabo