Vivencia: Travesia por el Mediterráneo

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Érase una vez un velero llamado Yogya que atravesaba el Mediterráneo en una travesía de 5 días, luchando contra unas olas de 2, 3 o 4 metros, o incluso el doble, no supe calcular…

El patrón del velero era José, un motrileño conocido como “El Lobo de Mar”, acompañado por el ingenioso Rafa, un astuto biólogo que desarrolló la fórmula para llegar 12 horas antes a puerto.

Otro miembro de la tripulación era Jorge, el alma de la fiesta, pese a los múltiples mareos que sufrió durante la travesía, siempre estaba dispuesto a todo, pescando, atando cabos, contando chistes… Pero todo esto pudo con él y acabó derrotado y tirado una de las noches en Melilla.

El velero también lo habitaban un padre y un hijo. El hijo se llamaba Dani, el padre, creo recordar Juan Pedro, aunque otros nombres le fueron asignados, como Juan Ramón, y el más acertado de todos ellos, San Pedro, porque el hombre era un santo, además de ponerse al frente del timón en cuantiosas ocasiones y de encargarse del reportaje fotográfico del viaje, tenía el velero más limpio que un jaspe, ordenaba los zapatos de toda la tripulación, de hecho, su camarote era, sin lugar a dudas, el más ordenado de todos (nada tenía que ver con la leonera de José o la pelea de perros de los otros camarotes). Y de tal palo tal astilla; Dani, el niño prodigio, un chaval de 17 años que seguía los pasos de su padre y que una mañana sufrió un accidente, cayendo al agua por la popa y perdiendo sus gafas, sin que nadie lo viera y pudiera gritar “¡hombre al agua!, ¡M. O. B.!” o algo así…

Y para terminar con los miembros de la tripulación, lo haremos con “las chicas”: Marian, una cordobesa enganchada a un trozo de jengibre que sufrió la pérdida de una de sus uñas durante la travesía y Lourdes, una granadina aprendiz de “cómo cocinar en un barco en movimiento” que solo pudo colaborar en la elaboración de bocadillos y tapitas.

El viaje empezó un lunes 22 de agosto del año 2011, cuando los participantes se conocieron en el puerto de Motril y se dispusieron al avituallamiento del barco, comprando comida y bebida para los 5 días del viaje, y eso sí, cerveza, mucha cerveza…y albóndigas para Jorge, muchas albóndigas… (y callos, y caldo de pollo…).

Después del avituallamiento, el velero puso rumbo a Melilla y se hicieron unos turnos de guardia que se respetaron “escrupulosamente” durante los 5 días (ja ja, algunos parecía que estaban en Vacaciones en el mar…).

Durante estos días, hubo muchos momentos especiales o “momentazos”:

– En Melilla, cuando llegamos al puerto y fuimos directamente a desayunar (los hay quienes
fueron con doble pantalón o sudadera, a pesar de las altas temperaturas…), después de cervecitas por la ciudad o de copitas en el velero en ese momento “Bahamas” de Lourdes, o después bañándonos en la Ensenada de los Galápagos, haciéndonos fotos en el agua, tapeando atracados en elpuerto o en el reportaje fotográfico que nos hicimos en los sillones del chill out, sillones que Juan Pedro pidió amablemente al camarero para decorar la bañera de nuestro velero…

En ese momento, el pobre y agotado Jorge cayó rendido en uno de esos sillones y terminó abandonando a la tripulación poniendo rumbo a su camarote.

La euforia que sentimos cuando llegamos al puerto de San José 12 horas antes de lo previsto y, aunque no conseguimos sitio, tuvimos la oportunidad de visitar el pueblo (eso sí, después de ducharnos con la manguera), de echar un vistazo por sus puestecillos (y comprar souvenirs típicos de Almería, como Indalos o mármol de Macael…), de cenar en el restaurante italiano Il Brigantina, de elegir pulserita verde, amarilla o roja para un juego al que nunca jugamos…pero lo cambiamos por otros propuestos por Rafa (donde descubrimos la historieta de papa Juanpe, Sierra Nevada y el negro…), o Psiquiatra, y el momento en que todos nos levantamos y al indefenso Jorge se le quedó aquella cara…

Cuando despertamos en San José y nos dirigimos a los Genoveses…buceamos, nadamos hasta la costa, exploramos los alrededores… qué momento!

– Cuando llegamos al puerto de Almerimar y los trabajadores estaban de celebración de jubilación…mientras un Juan Pedro enjabonado, pedía socorro desde la ducha del velero. Y
después nos fuimos en busca del bar abierto 24 horas y luego de copillas…algunos hasta el
amanecer…

– Nuestra interminable y última travesía de Almerimar a Motril el viernes 26, con un fuerte viento de poniente… unos de resaca y otros agotados y las 2 olas que mojaron a Rafa ese último día, cuando él solo pretendía salir a cubierta y fumarse un cigarrito.

– O muchos más momentos o momentazos, cada vez que despertábamos y estábamos en alta mar viendo el oleaje, los amaneceres, los atardeceres, el barco guardacostas, la zodiac traficante, la caña de pescar de Marian que nunca se utilizó, los siestorros de 5 horas, las tortillas de papas, los mejillones, la horchata fresquita, los delfines, los calderones, los peces voladores, las duchas en los puertos, el olor que salía de la bañera, el helicóptero que nos acompañó noche y día, las risas que nos echamos…

Eneste breve relato hay otros personajes; no pudimos conocer a Peluso, la foca de Chafarinas, pero sí a Bruno y a su olorosa zodiac, o al amable y resolutivo trabajador del puerto de San
José, o a las “Maravillosas” y al “Mani” del pub de Almerimar.

Esa noche todo el mundo recibió un apodo, descubrimos el Carlos Jean que el bailongo de Rafa llevaba dentro, y hasta a Carlos el amigo de Almerimar de Jorge, se le buscó un parecido (el hombre que hablaba rápido de “Aquí no hay quien viva” por si alguien lo ha olvidado).

No nos tocó el décimo de la ONCE que compramos en el Covirán de Motril pero lo pasamos 12 de 10, o al menos, yo lo pienso así.

Ahora, aquí sentada recordando todo lo que ha pasado en estos 5 días, me cuestiono qué habrá ocurrido con los 2 pescados de Jorge, ¿seguirán guardados en el barco? No quiero imaginar el pestor…

Marian gracias por contar conmigo para hacer este viaje, y gracias chicos por todo, lo he pasado genial y no me importaría repetir experiencia con vosotros, en barco o en tierra, para tomar una cervecita, para navegar o en los exámenes de noviembre en Murcia…

Un abrazo fuerte. Lourdes.

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